Solidaridad


Hay historias que nos recuerdan lo mejor de la humanidad. Historias de entrega, compromiso, colaboración y respeto. Grandes actos y actos simples, que nacen de la empatía y que tienen la capacidad de transformar vidas y fortalecer comunidades. Entre conflictos, guerras, acciones y decisiones que vulneran los derechos de muchas personas, desastres naturales y serias afectaciones por el cambio climático, es esperanzador encontrar estas historias de solidaridad.
World Central Kitchen (WCK) “surgió a raíz de una idea simple que tuvimos en casa con mi esposa Patricia: cuando la gente tiene hambre, hay que enviar cocineros. No mañana, hoy” dice José Andrés, el chef español que migró a Estados Unidos y que en 2010 fue a Haití a apoyar a las víctimas del terremoto de Haití. Aprendió de la gente local y el valor de trabajar con ella.
“No somos víctimas, somos vecinos ayudando a vecinos” dice una mujer en el video de presentación de WCK.
WCK está en Manizales, Cali, Pereira y Quibdó en Colombia, ciudades muy afectadas por el terremoto del 10 de agosto. Siguen en Venezuela, a donde llegaron en junio tras el terremoto. También están en España y Francia con las personas que sufren las consecuencias de los incendios de julio. Ya llegaron a Hawaii y a Indonesia.
Miles de personas se han movilizado para acompañar, ayudar y poner sus capacidades al servicio de quienes lo están necesitando. Se requiere de un acto simple, compartir información verificada, hacer una donación de tiempo o dinero de acuerdo con las capacidades de cada persona. La solidaridad nos permite cuidarnos y sostenernos mutuamente.
Por supuesto, no desconocemos los desafíos. Las comunidades enfrentan presiones sobre servicios, empleo y vivienda, entre otros. Estas realidades requieren respuestas serias y políticas públicas efectivas; sin embargo, no pueden convertirse en el terreno fértil para discursos que buscan señalar culpables y alimentar la desconfianza.


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