Cuidar la salud mental también es proteger


La Organización Mundial de la Salud (OMS) dedica el 10 de octubre para concientizar sobre la importancia y las necesidades que existen en torno a la salud mental. Cuando se habla de salud mental generalmente las instituciones se refieren a su carencia. Por ejemplo, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) resalta que “más de mil millones de personas tienen una afección de salud mental”. Sin embargo, se trata es de promover estados de salud. En general, los sistemas de salud no atienden este aspecto y dejan la atención solo para cuando una persona presenta alguna situación de carencia o afectación, e invierte menos en la promoción de la salud mental.
Durante los procesos migratorios, los riesgos de las rutas, las dificultades para acceder a servicios, la incertidumbre sobre el estatus migratorio, la discriminación, la xenofobia y las condiciones precarias de acogida pueden afectar el bienestar mental y generar ansiedad, depresión, estrés y angustia prolongada. El Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2026 de OIM señala además que, en países donde se ha establecido algún mecanismo de regularización, se han evidenciado mejores resultados de bienestar físico y emocional, mientras que la falta de documentación puede profundizar las barreras de acceso a servicios y la incertidumbre.
El sismo del 10 de agosto de 2026 en Colombia puso de manifiesto cómo, en contextos de catástrofe, la pérdida o interrupción de vínculos cercanos, el desplazamiento, la precariedad y las dificultades para acceder a servicios pueden profundizar el impacto psicológico y aumentar los riesgos de violencia, exclusión y sobrecarga de cuidados. Como señalan el Observatorio para la Equidad de las Mujeres de la Universidad ICESI y la Fundación WWB Colombia, “el desplazamiento, el hacinamiento, la convivencia temporal con personas desconocidas, la pérdida de privacidad, la precarización económica y la interrupción de redes y servicios de protección pueden aumentar riesgos de violencia intrafamiliar, violencia sexual, explotación laboral y otras formas de violencia contra mujeres y niñas”. Estos impactos no se distribuyen de manera equitativa. Las mujeres que ya venían cargando mayoritariamente con las tareas de cuidado y las tareas domésticas, después del sismo, reciben más responsabilidades que les dejan menos tiempo para descansar, recuperar sus ingresos o participar en las decisiones comunitarias.
Por eso, desde Fundación Camino Vital promovemos espacios de respiro, diálogo y reconstrucción de lazos de confianza y protección. Apostamos por respuestas que reconozcan que el bienestar emocional y psicosocial también es parte de la protección y de la garantía de derechos.



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