Memoria y oportunidad
- Fundación Camino Vital

- 12 oct 2025
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Actualizado: 12 jun

El agua, en su esencia sagrada, nutre y da vida. También simboliza la capacidad de conexión que ha permitido a numerosas culturas rendir tributo a sus dioses y entrelazar sus destinos. Gracias a este fluir, a las migraciones y a los intercambios culturales, nuestro mundo se ha enriquecido y diversificado.
Al igual que un río que transforma cada territorio que recorre, la persona que migra modifica los espacios que transita y estos la transforman.
Frente al maltrato y las tragedias que han vivido y viven tantas personas que se embarcan cruzando países y mares, así como las comunidades que las reciben, la “cultura del encuentro”, como señaló el Papa Francisco, es una oportunidad para aprender del pasado, acoger la diversidad como riqueza y promover la integración desde el respeto y el diálogo. La solidaridad es la fuerza capaz de salvarnos de la cultura del rechazo, del miedo y del odio que tantos promueven, abriendo paso a un mundo más justo y fraterno.
“Un migrante no es más humano o menos humano, en función de su ubicación a un lado o a otro de una frontera”
(Papa Francisco, 2019).


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